Niñez

Cada vez son más las personas a las que oigo expresar con preocupación, “no puedo con mi hijo”. “Es una lucha constante” “Está completamente desmotivado…”

 

Ante todo es importante que tu hijo sepa que lo amarás y apoyarás en cualquier situación. Esto desarrollará en ellos un gran sentimiento de confianza. Y les abrirás la puerta para que acudan a ti ante cualquier problema que crean que no pueden resolver solos. Y sumado a este sentimiento, lo primero es intentar entenderlos. Ponernos en sus zapatos e intentar descubrir cómo se sienten. Y expresárselo verbalmente. Es importante intentar entenderlos. El amor y la comprensión que les brindes es el tesoro más preciado para su futuro.

 

Cada niño y cada familia son diferentes. Lo que funciona para un niño es nefasto para el otro. Se suma el hecho de que nadie nos enseña a ser padres. Sin embargo, hay un denominador común que asegura el éxito en cualquier estilo de educación: EL AMOR. Y hay muchas formas de expresar ese amor. 

Jugar con ellos, comprender su punto de vista, valorar sus intereses, involucrarse, etc. Los mejores regalos que podemos hacer a nuestros hijos son gratis. Tu presencia, tu tiempo, tus caricias, tu paciencia, tu creatividad, tu respeto, tu amor incondicional, tu comprensión, tu equilibrio personal, la armonía del hogar... Hay dos regalos que debemos dar a nuestros hijos, uno es raíces y el otro son alas. Cuidado con la frase de “te voy a cortar las alas…” Precisamente es eso lo que tenemos que darles, acompañarlos en su proceso de crecimiento y darles herramientas y recursos para que vuelen donde ellos quieran.

 

CONOCE RECURSOS QUE TE AYUDEN A:

Comunicarte con tu hij@: Podemos poner atención a lo que les decimos y cómo lo decimos. Cuando hablamos con los niños, no solo debemos prestar atención a lo QUE decimos, debemos también estar atentos al CÓMO lo decimos. Por eso cuida tu tono de voz, tu mirada, tus gestos, tu postura corporal. Y cuidado con esas frases hechas que les determinan y ayudan a creerse quienes no son: “Ay mi gordito…”, “Pero mira que eres llorón…”, “mi niño es el mejor del mundo…”​ Los niños aprenden por imitación o investigación y los padres son los modelos más cercanos. Dejémonos de sermones que solo dificultan la comunicación y seamos modelos de aquello que queramos que aprendan. El niño cambia con tu ejemplo, no con tu opinión.

Aumentar su autoestima. Muchos padres cometen el error de hacer todo por ellos, de no darles suficientes responsabilidades a sus hijos. Hacen todo por ellos y no se toman el tiempo para discipular a sus hijos en los quehaceres de la vida diaria. El resultado es que los hijos se sientan incapaces de enfrentar los desafíos cotidianos de la vida, ya que fueron entrenados a depender de otras personas. Usted se asombraría de lo que es capaz de hacer su hijo, aunque sea un niño, si tan solo le delega algunas responsabilidades. Además de enseñarle importantes habilidades para la vida, les aumentará su autoestima, ya que ellos verán que usted deposita confianza en ellos.​ 

​Escucharles."Cuando un niño reclama atención afectiva, a menudo decimos despectivamente: "Lo hace para llamar la atención". ¡Como si eso invalidara su petición! Pero cuando alguien llama la atención es que la necesita, siempre, a pesar de que en nuestra sociedad pretendamos deslegitimar las llamadas de atención de bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos. Es importante aprender a leer el mensaje que lleva sus llamadas de atención, como "necesito que me hagas caso, que me muestres que para ti soy importante.".

Respetarles. Rousseau, “La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir. No hay nada más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”

Guiarles. Con toda la buena intención, buscamos cómo rellenarles su día a día con nuestras propuestas y actividades de lo más interesantes y estimulantes para que no se aburran, para que aprendan mucho, para que tengan una buena educación, creyendo que les estamos ayudando. Desconocemos que les estamos distrayendo y alejando de su propio programa interno de aprendizaje.Y que cada vez esperarán más que les entretenga desde afuera en lugar de conectar con su escucha interna. Pero los niños vienen capacitados para guiar óptimamente su aprendizaje desde adentro.Si los adultos que los acompañamos así se lo permitimos. Un niño que desde siempre ha sido respetado en su libertad de aprendizaje es sencillamente capaz de escucharse y seguir los dictados de su corazón. Cuando un niño ha sido continuamente motivado desde el exterior, dirigido desde afuera, aprende a acallar su corazón y esperar indicaciones ajenas. Importante para su autoestima es respetar su libertad para aprender, cada uno y cada una a su manera, a su ritmo.

Potenciarles. Podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar sus talentos, reconociéndolos y potenciándolos. Animar significa “dar aliento.” Es una forma más en que sus palabras pueden expresar su amor. Todos los niños tienen áreas en las que se sienten inseguros y necesitan que sus padres los animen y demuestren que creen en ellos. Los hijos desarrollarán todo su potencial si reciben suficiente reconocimiento por parte de sus padres. De ésta manera se está fomentando una característica clave de un emprendedor: la de saber investigar y aprender por su propia cuenta. 

Establecer límites razonables. Los niños tienen un sentido de la justicia desarrollado y necesitan comprender porqué se les imponen los límites y de esta forma pueden aprender no solo a respetarlos sino a establecer ellos mismos límites a su conducta. Fijar límites en el comportamiento hace sentirse emocionalmente seguros a niños y adolescentes. Poner normas y supervisar que se cumplen de forma consistente y adecuada a la edad y la etapa de desarrollo facilita un desarrollo equilibrado y un mayor ajuste psicológico en la edad adulta. Huir de extremos autoritarios o indulgentes fijando límites y normas claras, razonables y bien explicadas es la mejor estrategia posible.

Permitirles ser quiénes quieran ser y aceptarles. Respetando su individualidad y aceptándole como sea.Cada niño es diferente y único.

Acompañarles en una crianza respetuosa, consciente y feliz.

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